22 de enero de 2016

Las cosas más lindas

Es la segunda vez que la Maga insiste con el tema. La primera vez que me lo dijo me las ingenié para hacerme el distraído e irme por la tangente, como cuando siento que no estoy preparado para abordar las preguntas de la Maga. Ni mucho menos preparado para intentar siquiera empezar a responderlas. Pero anoche, ella y sus grandes ojos marrones, volvieron a la carga. "En serio -me dijo- las cosas más lindas ocurren a escondidas".
En eso estaba pensando hoy, sentado en la vereda de la casa de al lado, algo inusual pero obligado por los calores de estos días, cuando ella se paró frente a mí y me tendió la mano. No debía tener más de seis años. Me estaba dando un papel doblado en cuatro que había sacado de una canasta llena de ellos.
- ¿Para mí?-, le pregunté. Ella sacudió enérgicamente la cabeza, asintiendo. Se veía feliz.
Recibí el papel y le agradecí mientras la miraba desconcertado.
- Son historias-, me dijo el padre. La madre sonrió y su hermanita pequeña me dijo: hola.
Todo pasó en cuestión de segundos. Las niñas yéndose de la mano, de a saltitos como cuando los niños son felices. Sus padres cuidándolas desde atrás, empujando el cochecito y caminando por el barrio, repartiendo los cuatro las historias de sus hijas.
Desdoblé el papel con cuidado. Despacio. Entonces apareció el dibujo. Era una niña de vestido rosa, con las manos grandes y sin dedos; y los pies pequeños.
Pero lo que verdaderamente resaltaba eran su sonrisa de punta a punta en una cabeza redonda por demás; y unos ojos contentos que absorbían la vista como si uno se hubiera caído dentro de un enorme trompo de colores que no deja de girar. Eso lo pagaba todo. Eso y el dibujo de al lado, mostrando a quien supongo era su hermana más pequeña, sin manos ni pies pero con un pelo negro y largo que era, sin dudas, la envidia de todo el barrio.
Contemplé la obra de mi pequeña artista durante un rato. Miré para los costados y solo vi la calle vacía. Ni un mísero testigo de lo que acababa de pasar. Nadie que pudiera corroborar la historia.
"Qué lindo", fue todo lo que pude decir. Y volví a pensar en la Maga. Creo que deberé decirle que tiene razón. Que las cosas más lindas siempre pasan a escondidas. A escondidas de los ojos de todos los demás.
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Córdoba, Córdoba, Argentina
Guillermina Delupi© nació en San Luis en 1975, pero vive en Córdoba desde hace más de 20 años. En 2011 participó del Primer Certamen de Ensayos "Las Nuestras. Mujeres que hicieron historia en Córdoba" y su ensayo fue publicado en un libro que reunió todos los relatos ganadores. En diciembre de ese mismo año La Central, revista cordobesa de cultura, publicó su relato: "El hacedor de pollitos de colores". El diario Los Andes (Mendoza) publicó en 2012 el cuento "Noticia de una muerte" y en diciembre de 2013 la revista Rumbos digital publicó su relato "Las mujeres de mi familia". En 2014, la editorial Dunken incluyó su poema "De una vez" en la compilación "Letras del Face 3" y seleccionó “El hacedor de pollitos de colores” para integrar el libro de cuentos “Viajá conmigo”. En junio de 2014 ganó el 3° premio en el certamen literario nacional Paco Urondo y en septiembre del mismo año Marcel Maidana Ediciones editó su eBook de poesía: “Fantasmas de otros”. Ese año, también formó parte del jurado del primer certamen #CuentosTuitCba. Ah, su amiga Emma Gunst (emmagunst.blogspot.com.ar) publicó tres de sus poemas en el blog que reúne a mujeres poetas de todo el mundo y de todos los tiempos.