22 de noviembre de 2017

Ultimatum

No, yo no doy ultimátums.
Simplemente me marcho
dejando desparramadas
en la escena del crimen
las huellas homicidas.

Querés pruebas.
Pues ahí te las dejo,
en el fondo de esos ojos oscuros
a los que ya no llego
por más que me esfuerce.

Maté a mi ego herido
por no darte la razón.
Me fui sabiendo
que ninguna coartada
sería suficiente para salvarme.

13 de noviembre de 2017

Primer día

Hoy es el primer día
de los tantos que vendrán
en los que ya no compartirás
algunas de tus cosas conmigo.

Hoy asoma el día
en que empezarás a desarrollar otras facetas
a las que no lograré llegar nunca
como sí lo harán tus mejores amigos.

El día en que esos tantos caminos
que te abrirás en la vida
te llevarán a lugares preciosos
y algunas veces un tanto tristes.

Hoy inicia el día
para el que no pude prepararte nunca,
en todos estos años de protegerte,
de cuidarte, de resguardarte, de quererte.

Y yo te miro alejarte, te miro crecer.
Y me muero de envidia y de celos
por todos esos caminos que indefectiblemente
me dejarán afuera de vos.

Pero luego te veo brillar como loco,
y me río, orgullosa
y no me cabe en el cuerpo
tanto, tanto amor.

27 de octubre de 2017

A veces

A veces, para que sane,
tiene que doler hasta el final.

Hasta que sangre,
hasta que cicatrice,
(y que sangre
y que vuelva a cicatrizar).

A veces tiene que dolerle hasta
al último hombre.
Hasta la punta del pelo,
hasta el dedo meñique del pie.

Hasta el hueso,
hasta el fondo de la cicatriz.

13 de octubre de 2017

Paseo

Siempre me pasa lo mismo. Termino aceptando la invitación porque nunca puedo decirle que no. Pero un paseo por el centro de la ciudad, un sábado a las cuatro de la tarde, no es precisamente mi idea de un atractivo de fin de semana.
Aún así busco mi mochila, me calzo los auriculares y salgo a la calle. Antes de cruzar el puente que me separa del centro ya puedo ver qué tan a contramano voy: camino en sentido diametralmente opuesto a la horda de gente que vuelve a sus casas (o que llega de visitas, vaya a saber).
Pasadas las dos o tres de la tarde, el centro se vacía por completo. Todos huyen de esa mole de cemento que los condena a horas de alienación y ceguera.
Pero yo voy a adentrarme en él.
Llego a nuestro punto de encuentro algunos minutos antes de la hora señalada y me dispongo a esperarla. Me entretengo en el vitral azul y blanco que divide uno de los balcones de la casona antigua que está al lado de la radio.
Prendo un cigarrillo y pienso en avisarle que ya estoy afuera, esperándola. Pero una idea me detiene: a los periodistas no se les interrumpe cuando están trabajando, a ver si encima se distraen y publican mal una noticia.
Como un presagio que la llenaría de tirria si pudiera verla, una paloma emprende su vuelo cuando ella empieza a cruzar la puerta que la libera de sus últimos quehaceres laborales y la dispone al fin de semana. Está hermosa. Es hermosa.
Nos abrazamos un rato y luego emprendemos la caminata. No me privo de echarle en cara su excéntrica idea: sólo a vos se te ocurre traerme a recorrer el centro un sábado a la tarde, cuando parece un cementerio, le digo. Pero ella niega con la cabeza riendo, me toma del brazo y me dice: vení, te voy a mostrar que los sábados a la tarde en el centro también tienen su encanto.
Caminamos un rato largo, nos ponemos al día, nos perdemos por las peatonales que se van vaciando y empiezan a mostrarse cada vez más inútiles.
En la Plazoleta del Fundador, la invito a una partida de ajedrez, pero me dice que tiene hambre, que volvamos luego.
Merendamos en Mandarina mientras cruzamos algunas anécdotas de nuestros respectivos trabajos y nos descubrimos en las mismas fobias, típicas de la deformación profesional que compartimos.
En la esquina, el sonido de un saxo se mezcla con una guitarra lejana y dibuja en el aire un clima de vacaciones. 
Para cuando entramos a la calle Caseros (el sol aún en nuestras espaldas) ya sólo se oye el sonido de nuestros pasos taconeando las baldosas solitarias. Ni siquiera quedan ecos de esa marea humana que de lunes a viernes deja sus huellas sobre ellas.
Hablamos sobre las tristezas.Y nos alegramos en la coincidencia: nuestras tristezas no serán nunca sus tristezas. Hablamos sobre el amor. También sobre la muerte.
Seguimos caminando. Nos quedamos en silencio. Cambiamos de tema. Nos sentamos. Retomamos otro tema.
Llegamos a una esquina. Me pide que defina ahora yo nuestro rumbo. La llevo entonces por la calle San Martín y desembocamos en la Avenida Colón, a esa hora más sucia y vacía que de costumbre.
La invito un café en el Richmond y le muestro el edificio más angosto del mundo. Me sorprendo al escucharla decir que no conoce La Mundial, emblema de dos arquitectos franceses. Queda fascinada. Nos acercamos a la puerta. Lee la historia.
Uno de sus pisos está a la venta. Ella le toma una fotografía y promete hacer una cita para que vayamos a verlo y divagamos un rato sobre cómo sería vivir en un edificio tan angosto.
No puedo recordar cómo o en qué calle finalmente nos separamos. Sé que le dí otro abrazo. Sé que le agradecí el paseo. Sé que me miró muy seria y prometió que nos veríamos más seguido.
Pero con la Maga siempre es así.
Un encuentro furtivo, en cualquier horario, yendo hacia cualquier lugar.
Una invitación a redescubrir cosas que siempre estuvieron ahí, pero que habíamos olvidado.

3 de octubre de 2017

Polaroid

Como si en la vida
sólo se tratase de enfocar.

Como si fuésemos una Polaroid ordinaria
a la que le basta poner bien el foco
y disparar.

Como si vivir no fuese
el más traicionero de todos los planes.

15 de septiembre de 2017

Es este cuerpo
que ya no me queda
cómodo.

Es esta voz
que ha perdido
toda gracia.

Son estos ojos
que sólo arrastran cansancio
sobre cada objeto que repasan.

Es esta lengua
-pastosa y entumecida-,
repitiendo frases hechas
que no conducen nunca
a nada.

Estas manos,
estos dedos,
esta piel.

Son estos huesos flacos y mustios
que ya no disimulan los fracasos.

… y sin embargo entiendo
que aún
no ha llegado el final.

16 de junio de 2017

Se me sale tu nombre
por todo el cuerpo.
Se me sale tu nombre
y no puedo evitarlo.
No importa
lo que quiera decir
es tu nombre
el que me sale.
Por los poros,
por los ojos,
de los labios.
Es tu nombre
el que aparece
en el aire,
por la calle,
entre el tránsito.
Colgando
en los andamios,
dibujando pasos
en las peatonales,
detenido
en las esquinas
esperando la luz verde
del semáforo.
Es tu nombre
el que me ronda
en los lugares
más impensados
y se ríe por lo bajo
mientras bebo de a sorbitos
el café de la mañana.
Es tu nombre el que me sale.
Se me sale tu nombre
y no lo callo
porque tu nombre
es la excusa perfecta
para así, poder nombrarte.

9 de junio de 2017

En retirada

Todo empezó el día
que dejaste de adivinarme.

Cuando tus manos
-antes decididas-
se tambalearon
sobre mi cuerpo mojado.

Cuando tus ojos
-primitivamente inquisidores-
arrastraron su mirada hacia la nada.

Debí haberlo intuido,
era mía la obligación
de haber visto las señales.

Que dejaras de buscarme
había sido la declaración evidente
de tu amor en retirada.

30 de abril de 2017

Mi foto
Córdoba, Córdoba, Argentina
Guillermina Delupi© nació en San Luis en 1975, pero vive en Córdoba desde hace más de 20 años. En 2011 participó del Primer Certamen de Ensayos "Las Nuestras. Mujeres que hicieron historia en Córdoba" y su ensayo fue publicado en un libro que reunió todos los relatos ganadores. En diciembre de ese mismo año La Central, revista cordobesa de cultura, publicó su relato: "El hacedor de pollitos de colores". El diario Los Andes (Mendoza) publicó en 2012 el cuento "Noticia de una muerte" y en diciembre de 2013 la revista Rumbos digital publicó su relato "Las mujeres de mi familia". En 2014, la editorial Dunken incluyó su poema "De una vez" en la compilación "Letras del Face 3" y seleccionó “El hacedor de pollitos de colores” para integrar el libro de cuentos “Viajá conmigo”. En junio de 2014 ganó el 3° premio en el certamen literario nacional Paco Urondo y en septiembre del mismo año Marcel Maidana Ediciones editó su eBook de poesía: “Fantasmas de otros”. Ese año, también formó parte del jurado del primer certamen #CuentosTuitCba. Ah, su amiga Emma Gunst (emmagunst.blogspot.com.ar) publicó tres de sus poemas en el blog que reúne a mujeres poetas de todo el mundo y de todos los tiempos.