27 de abril de 2015

Miedo

Se había muerto de miedo.
Ni de amor, ni de tristeza, ni de soledad.
Se había muerto de miedo.

Lo encontraron con el cuerpo contraído.
Un solo espasmo.
Morado. Tieso. Con el pánico pegado en la mirada.

Si se hubiese muerto de amor
quizás hubiese esbozado una última sonrisa
(o exclamado algo que sería propio de algún texto de Shakespeare).

Si se hubiese muerto de tristeza
podría verse el halo de sombras grises surcando su cuerpo
y seguramente alguna que otra marca en su alma.

Si se hubiese muerto de soledad
tendría la piel mustia, deshidratada, ajada,
y serían evidentes los signos de que nadie la tocaba hacía vaya a saber cuánto tiempo.

Pero no. La autopsia no revelaba nada de eso.
La autopsia se limitaba a mostrar rastros de esa emoción primaria, tan propia de los animales,
que le había corroído todo el cuerpo.

No había muerto ni de amor, ni de tristeza, ni de soledad.
El pobre infeliz se había muerto de miedo.
Y el miedo, se sabe, es el padre de todos los males.

23 de abril de 2015

Ausencia

Como cada vez que me acostumbro a tu ausencia, ya con el cuerpo dispuesto hacia adelante, con la vida dándome palmadas y guiñándome sus luces al costado del camino, como si fuera una pista de aterrizaje. Con la mirada libre de otras nubes, recomenzando a pasos torpes un andar cansado, reaprendiendo palabras que había enterrado, empantanándome en carreras inútiles, corriendo tras metas inservibles; el universo se empecina en recordarme que no te olvidé.
Siempre encuentra el artilugio, la manera, el mecanismo (una voz a lo lejos, un aroma en el aire, un gesto adusto que se parece tanto al tuyo) para hacerme saber que no te has ido del todo. Para decirme que no he ganado la batalla. Para mostrarme que aunque recomience una y otra vez, siempre serás esa especie de espectro que me sujeta fuerte, que me tira bien alto, que me capuja en pleno vuelo, que no me deja tocar el piso. Ese fantasma que juega conmigo a caprichosas acrobacias, como quien se divierte con un trompo desde lo alto, mientras se ríe y llora y se lamenta y patalea y se retuerce.
No. No es la ausencia la culpable, es ese universo, que con todas sus magias vanas, se empeña en restregarme en la cara, que siempre serás el que nunca se ha ido.

1 de abril de 2015

Soad Ham (in memoriam)

En un país chiquitito
y cada vez menos tolerante
una niña es descuartizada
y no hay ecos de ello en ninguna plaza.

En un país muerto de miedo
la sangre corre calle abajo
mientras piden sillas y útiles
calle arriba los estudiantes.

En un país escrito sin hache
no son noticia los niños asesinados
y no huelen más que a silencio
las tapas de todos los diarios.

En un país menudo y desvencijado
con capital de nombre Tegucigalpa
Soad Nicole Ham, de tan solo 13 años,
ha sido brutalmente asesinada.
Mi foto
Córdoba, Córdoba, Argentina
Guillermina Delupi© nació en San Luis en 1975, pero vive en Córdoba desde hace más de 20 años. En 2011 participó del Primer Certamen de Ensayos "Las Nuestras. Mujeres que hicieron historia en Córdoba" y su ensayo fue publicado en un libro que reunió todos los relatos ganadores. En diciembre de ese mismo año La Central, revista cordobesa de cultura, publicó su relato: "El hacedor de pollitos de colores". El diario Los Andes (Mendoza) publicó en 2012 el cuento "Noticia de una muerte" y en diciembre de 2013 la revista Rumbos digital publicó su relato "Las mujeres de mi familia". En 2014, la editorial Dunken incluyó su poema "De una vez" en la compilación "Letras del Face 3" y seleccionó “El hacedor de pollitos de colores” para integrar el libro de cuentos “Viajá conmigo”. En junio de 2014 ganó el 3° premio en el certamen literario nacional Paco Urondo y en septiembre del mismo año Marcel Maidana Ediciones editó su eBook de poesía: “Fantasmas de otros”. Ese año, también formó parte del jurado del primer certamen #CuentosTuitCba. Ah, su amiga Emma Gunst (emmagunst.blogspot.com.ar) publicó tres de sus poemas en el blog que reúne a mujeres poetas de todo el mundo y de todos los tiempos.